

Quién no tiene grabado en su memoria un dulce recuerdo de este día tan esperado como largo (ya que nuestra ilusión lucha con la impaciencia), durante todo el día, ansiando que llegue la noche.
Y al fin llega, y esa noche… esa mágica e inolvidable noche que me hizo casi ver (aunque solo los sentí mientras se retiraban por el ruido que hicieron sus camellos al patear uno de los baldes de lata que les habíamos dejado con mi padre, ¡nunca la podré olvidar! Se ve que venían sedientos de tanto caminar y volar. También se comieron todo el pasto que le dejamos esparcido por un caminito de hormigón de unos 10 metros de largo por 1 metro de ancho que había hecho papá sin ser albañil y que iba desde la puerta de entrada de nuestra casita de madera y lata, hasta el frente para no pisar el barro los días de lluvia. Y lo único feo… fue recoger toda la bosta de los camellos también esparcida por ese caminito prolijamente como si los camellos estuvieran entrenados para no ensuciar mucho!!!
Nos despertamos muy temprano con mi hermanito y no queríamos hacer ruido,porque sabíamos que si los Reyes se daban cuenta,se irían sin dejarnos nada.
Cuando nuestros padres se despertaron más entusiasmados que nosotros… corrieron ellos delante y nosotros detrás a abrir la puerta del frente donde habían quedado nuestras alpargatitas ya casi en desuso por la gran cantidad de bigotes que tenían y sobre ellas había una cartita que papá nos leyó y que decía:
Queridos Roberto y Wáshington.
Hoy nuestro reparto de juguetes se atrasó y anduvimos a las corridas.
Disculpen que les dejamos para limpiar la bosta de los camellos y que le abollamos una de las latas de agua
Saludos y pórtense bien.
Melchor, Gaspar y Baltasar.
Ah….me olvidaba, uno de los regalos de Roberto se cayó arriba del limonero de la entrada y quedó colgado de una rama….búsquenlo!!!!
Gran alegría cuando me subí al limonero y encontré colgando de una rama el trencito que había pedido y un par de apargatas nuevas, justo mi número, que en principio no le dí mucha importancia pero después me conformé porque al menos…. no tenían bigote.
A mi hermano le dejaron otro par de alpargatas y un caballito que quizás alguno los recuerde pues era casi un clásico. Era un palo del largo de la escoba, y en una punta tenía una pequeña ruedita y en la otra una cabeza de caballo de trapo. Se monta sobre el palo y con tu propia tracción a sangre y la gran imaginación que tenemos en la niñez, podés corretear todo el día sin darte cuenta después, de que te cansaste tanto.
Lo que no podés… y eso yo no lo sabía, es darle agua al caballito cuando tú por el cansancio, sentís sed y si sós agradecido como yo, le querés dar agua.
Cuando sumergí su cabecita en el cantero inundado por la lluvia para calmar su sed no entendí que fue lo que le pasó, pero se murió.
Retiré su cabeza de trapo, hecha una bola… sin forma ninguna y tras la tristeza por su muerte, tuve que darle mi trencito a mi hermano y me quedaron por lo menos las alpargatas nuevas y ya en el colegio nadie se reiría de mi.
Con el correr de los años y siempre con ese recuerdo imborrable que me venía cada día de Reyes, yo ya estaba más grande y más analista del porqué de las cosas.
Entonces… encaré a mi padre,y le pregunté:
—Cuando tú trabajabas en la panadería, repartiendo pan en la jardinera con caballo puerta a puerta fue cuando los Reyes me dejaron el trencito, y los camellos dejaron bosta parecida a la de los caballos y el mismo pasto que comían los caballos y que tú nos trajiste para que le dejáramos a los camellos. Por casualidad…. ¿Fuiste tú el rey mago?
Y me dijo que sí.
Si bien es cierto que yo ya tenis 28 años… no me mintió y aún casi casi… sigo con esa ilusión.
¡Mi viejo sí que fue un verdadero Rey Mago!😉