¡PRESENTES!

(A Amelia Sanjurjo, casi madre)
Era lindo.
Ella me hablaba
día a día,
minuto a minuto.
Ella me hablaba, sí.
Yo lo sentía
no la veía
pero la sentía,
me gustaba escuchar su risa
mientras el calor de su mano tibia
se apoyaba amorosamente
en el vientre terso
cargado de esperanza.
Era lindo.
A veces nos acostábamos
cansados
por las trasnochadas
por las reuniones
por la esperanza.
Era lindo, sí,
pero un día nos trajeron la noche
y su risa se hizo grito
por el dolor
el miedo
por el espanto.
¿Qué pasa?
¿Adónde nos llevan?
¿Qué pasa?
¿Porqué está oscuro?
¿porqué el silencio?
¿Porqué no pude ser?
¿Porqué no pude ser?
Era lindo
tal vez, demasiado lindo,
por eso no nos dejaron,
porque era tibio y tierno
y ellos odian la ternura
y no permiten la tibieza.
Te quiero,
mamá.
Eduardo Cervieri
