junio 2023

Un vaso de agua

Humor popular, adaptado al estilo Wimpi

Y al tipo se le pasó la hora en el boliche. Y no es que fuera un mal tipo, ni siquiera un borrachín al que no le dura ni cinco días el sueldo. No, era un tipo de lo más normal. Tan normal, que había llegado a un acuerdo con la patrona. Una especie de límites horarios, los cuales no debían ser violados para evitar las consecuencias. Llegada antes de la medianoche, ningún problema. Después de la medianoche, y antes de la una, reproches y abstinencia sexual de tres días. Con aumento de la pena de un día adicional por cada media hora de retraso. Llegada después de las cuatro de la mañana, y luego de los gritos de rigor, a dormir afuera.

Rogelio Donato

Por Eduardo Cervieri

Rogelio Donato era, sin duda alguna, un hombre sin suerte. O más que eso, era un tipo de mala suerte. Uno de esos hombres que tienen un imán para atraer las desgracias, las calamidades, los infortunios o como se llame.

Y eso lo sabía todo el mundo: los vecinos, los parientes, los compañeros de la oficina. Y por supuesto, él mismo. Había aprendido a convivir durante toda su vida con ese sino y esa fama, y lo más curioso del caso es que a él no lo perturbaba. Y no por indolencia, sino por reconocimiento. Casi por agradecimiento, se podría decir. Es que la mala suerte lo había rescatado, de alguna manera, de la chatura de su vida, del anonimato.

Día a día su notoriedad aumentaba, y aunque la gente que lo conocía trataba de disimular la aprehensión que causaba, él se daba cuenta de todo y hasta disfrutaba abiertamente de las reacciones que provocaba.

Pollo veloz

En uno de los tantos viajes que hice al paisito por tierra durante los 35 años que viví en Argentina. Venía por la ruta 1 cuando de repente veo pasar una sombra por el lado de la banquina.
Cuando la sombra ne pasó ( yo venía a 100 km hora, los porteños me pasaban como si estuviera detenido pero esa sombra que se perdió a lo lejos, parecía un animal e iba en el mismo sentido que yo pero por la banquina.

Baile sobre la mesa

Viendo a un excelente bailarín me vino al recuerdo en mi adolescencia, entre los 14 y 15 años cuando nos reuníamos en casa de la nona de Angelita, una de las chicas de la barra de amigos para practicar pasitos de baile sobre la mesa en la cual la Nona hacía los tallarines de la clásica reunión dominguera familiar y los ponía a orear.
Como el ensayo sobre la mesa era de Rock and Roll (época Elvis Presley obviamente necesitábamos una mesa grande.

Soneto a mi escuela

Escuela Nro 9 – Cardona – 1953

En un lugar que no tiene
un río que lo bendiga
hay un caudal que va y viene
ofreciendo su agua amiga.

Ha sido un río su escuela
y sus niños un torrente
que bullicioso revela
las bondades de su gente

que hace poesía con la prosa
de la vida cotidiana
llena de amor por sus cosas.

Escuela-río y lugar,
que al nacer cada mañana
han de volver a empezar.

Noviembre 2007

Ese soneto nació en un momento muy especial, que traté de explicar en esta carta que le envié a Carlitos Melazzi, con el que hemos compartido tantas cosas que ni él ni yo podríamos recordarlas todas.

Querido Capitán: El mismo día en que recibí el primer aviso de los 100 años de la Escuela Nº 9 – fue el 30 de septiembre pasado – nació ese soneto de homenaje personal a esa inolvidable Casona de patio grande, a la que yo iba a jugar en el horario de clase como alumno, y a cualquier hora como amigo de Franklin.

Allí, Doña Lilí, madre de Franklin y emblemática Directora de la Escuela, nos invitaba con algo y nos daba consejos, mientras cuidaba a César que era más chico. Algunos años después aparecería Cristina, para completar la familia del Flaco Cendoya.

Y, así como salió, ese soneto quedo guardado.

En todo este tiempo me han vuelto a la mente varias veces los recuerdos de aquellos años de la infancia cardonense; los rostros queridos de mis maestras (María Esther Vaneiro de Rodríguez que tuve en segundo año, fue mi primera maestra en la Escuela Pública, porque yo hice Jardín y Primer Año en el Colegio de las Hermanas; ella me marcó con su bondad, además de hacerme creer que era muy inteligente. Quita Silva, también inolvidable, fue mi maestra de Tercero; Joaquina Apezteguía, fue mi maestra de Cuarto hasta mitad de año, porque justo ahí se jubiló y a mí me gustaba decir que cuando me tuvo como alumno se sintió realizada y se jubiló; en lugar de Joaquina vino una maestra jovencita de Mercedes, recién recibida, era una morocha preciosa y creo que era de apellido Bértola – no estoy seguro – ; en quinto tuve a Doña Graciela Fernández, la madre de Pimpina, y en sexto a la que recuerdo cada 22 de Julio, que es el día de su cumpleaños: Lidya Bordagorry, entrañable, temperamental, sencillamente admirable. Con ella preparamos los festejos del Cincuentenario en 1953, con trabajos en madera calada y con ella también aprendí a encuadernar; encuaderné un «Tabaré» que era de ella y cuando lo terminé me dijo: “Winston, quedó precioso, pero no te lo puedo regalar porque es uno de los libros que más quiero”.

Por supuesto que, además de Franklin, también he estado «viendo» desde el corazón (etimológicamente, recordar es volver a pasar por el corazón) las caras de aquellos compañeros y compañeras con los que compartíamos clases y recreos: El Chueco Rey, el Pocho Straneo, Pimpina Zaugg, Susana Romero – “la Gallega Ventarrón” que revolucionaba toda la clase con su túnica almidonada y sus trenzas – Gloria Silva que cumple el mismo día que yo, el Gordo Peña, Oscar Gerber, Pedro Heber…

Lo guardé al soneto porque me parecía muy poca cosa. Además de las limitaciones propias de un «versero de pueblo», es tarea imposible meter en los 14 versos de un soneto todo lo que uno quiere transmitir.

Pero hoy sentí la necesidad de compartir esa idea que surgió y que me gustó mucho, que es pensar que nuestra vieja y querida Escuela Nº 9 ha sido para Cardona “el río que la naturaleza no le dio”.

Y la verdad que, si lo miramos así, tendríamos que estar muy agradecidos del «Río que nos tocó».

A esta hora todavía deben estar festejando en el también inolvidable Centro Democrático.

El abrazo de siempre, y como en aquellos tiempos de la túnica y la moña.

Aquí La Paz.
Feliz de verlo feliz.

El Grillo de la Escuela. Noviembre de 2007

Y algunos años despues……

Anuncio de Casamiento

Chanchita Piggy

Hoy me levanté temprano porque a las 5 me llamó Rosendo el casero del Ranchito , con un teléfono que le prestó un vecino, para pedirme que me diera una vuelta que tenía un notición. Me pidió disculpas por la hora porque ayer le había dado un infarto al gallo y el estaba descontrolado con la hora porque ese,era,su despertador. (Después me enteré que me había mentido porque vI la cabeza del gallo dentro del tanque de la basura) y al sentirse descubierto y avergonzado me confesó que no le quedaba ningún pollo de esos que el cría para,consumo.
De repente me cambia de golpe la conversación.

Cuando el software se tejió (literalmente) en la memoria de un computador.

A principios de los años 60 del siglo pasado, en plena guerra fría, se daba inicio a la carrera espacial entre las potencias de ese momento, los Estados Unidos de América (USA) y la URSS, en su competencia para llevar al hombre a la luna. En USA se creó el proyecto Apollo, que finalmente cumpliría su objetivo el 21 de julio de 1969.

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